Reporteros Mexicanos que grabaron "La Ofensiva Final" llegan a Nicaragua
#38EnVictorias Periodistas mexicanos Pedro Talavera y Edgard Hernández que grabaron el documental "La Ofensiva Final", regresan a Nicaragua.
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Los reporteros Mexicanos que grabaron la “Ofensiva final” Edgar Hernández y Pedro Talavera han llegado a Nicaragua 38 años después de aquella cobertura a la guerra civil nicaragüense que terminó con el derrocamiento de la dictadura somocista y la ascensión al poder del Frente sandinista de Liberación nacional.
En medio de miles de personas que se habían reunido ese día en la plaza de la República, en Managua, Edgar Hernández comenzó a transmitir por teléfono hacia México, casi como declamando una poesía:
“Aquí Nicaragua libre, 20 de julio de 1979. La libertad tuvo hoy un nuevo significado, dio la mano a la democracia ante el júbilo desbordante de un pueblo que sepultó una dinastía de 42 años, seis meses y seis días”.
“Todavía se me quiebra la voz cuando veo esa transmisión”, expresó Hernández con lagrimas en los ojos
Hernández recuerda muy bien el día que llegó a Nicaragua, el 27 de diciembre de 1978, porque esa es la fecha de su cumpleaños. Nació en 1947. Las primera imágenes que envió a México las editaba su compañero Pedro Talavera Álvarez, quien hacía cortes de tres minutos con las imágenes y las forraba con el audio de la canción Juancito tiradora, de Carlos Mejía Godoy.
Edgard Hernández recuerda la entrevista a Somoza:
“Le preguntaba por qué masacraba a su pueblo, que no era presidente, sino dictador, que cuándo iba a poner fin a la lucha iniciada por su padre. Él contestaba de una forma despótica. A mí lo que me impresionaba era su mirada tan penetrante. Lo que me apantallaba era su voluminosa y alta figura. Era muy alto. Yo mido 1.80 y yo lo veía inmenso, medía arriba de dos metros. Lo veía con un dejo de prepotencia, me decía periodista azteca, a qué vienes aquí si aquí hay democracia. Yo le decía, señor, afuera hay hambre, hay necesidad de libertad. Yo les he dado la libertad, les he dado todo lo que necesitan, me respondió”.
Aquella entrevista no terminó de la mejor manera. Cuando Somoza brindó la última respuesta y la cámara dejó de grabar, el dictador dio un fuerte golpe en el escritorio y dijo “Esto no fue lo que acordamos” dando media vuelta y cerrando con fuerza la puerta, Hernández le dijo al camarógrafo y al ayudante que salieran lo más rápido posible. Pero esa misma noche al hotel le llegó un mensaje anónimo de que debía abandonar el país en las próximas horas. Al día siguiente se enteró de que su nombre estaba en una lista de muerte, es ahí donde Hernández pasa a la cladestinidad pero luego pero luego se asiló en la Embajada de México, de donde salió en un vehículo diplomático hacia el aeropuerto de regreso a su país.
Pero Hernández seguiría la cobertura de la guerra desde Costa Rica ya que Somoza no lo dejaba entrar y en su lugar Pedro Talavera y en su lugar Pedro Talavera iría a Managua. A otras partes del país fue enviado otro reportero mexicano, Joaquín Roura Quiñones, fallecido en el 2013. Con varios equipos de filmación en el país y con esos tres periodistas se inició la grabación de lo que sería el documental La ofensiva final.
Talavera recuerda que hubo camarógrafos que se fueron con los sandinistas a luchar en la montaña. “Eso te da una idea de lo inmersos que estábamos en el problema”. Algo similar le ocurrió a Edgar Hernández, quien desde Costa Rica se tuvo que unir a los guerrilleros sandinistas liderados por Edén Pastora. No es que Hernández haya tomado un fusil para combatir, sino que tuvo que acompañar a los guerrilleros para poder filmar.
“Edén nos decía que nos teníamos que poner el uniforme verde olivo y el pañuelo rojinegro. Y teníamos que hacer, igual que los guerrilleros, guardias de ocho horas para ver los movimientos del enemigo”, explica Hernández.
“Ya te imaginarás lo que pasé. Andaba muy mugroso siempre. Yo vivía en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Yo era periodista de televisión y nosotros tenemos el ego muy inflado”, dice ahora Hernández entre risas.
A Hernández también le llamaban la atención desde México porque siempre que mandaba una nota la terminaba con una consigna sandinista. “Patria o muerte, venceremos”, decía casi siempre. O a veces decía: “Por una Nicaragua libre”.
“Me decían: eso no es periodismo. Yo les decía: es lo que me sale del corazón.
Los periodistas también estuvieron al borde de la muerte
Talavera lo recuerda como si fuera hoy: “Estábamos en León cuando vimos venir un avión push and pull, que se clavaba de cabeza para disparar. La gente le gritaba que no disparara pero cayó el rocket en una casa que estaba a 50 metros de donde nosotros. La casa absorbió el golpe. Ahí el mérito es del camarógrafo, tuvo la valentía de grabar el avión”.
El 19 de julio Edgar Hernández viaja a Managua en un camión de la Guardia Nacional, pero que ya estaba en manos de los sandinistas, llegó al hotel Camino Real y de allí, el 20 de julio muy de mañana, se fue a pie hasta la plaza de la República. Se encontró con Pedro Talavera y los demás miembros del equipo y en una servilleta que se trajo del hotel comenzaron a escribir la crónica que iban a transmitir hacia México, solo audio, porque en ese entonces no había posibilidad de transmitir imágenes en vivo:
“Aquí Nicaragua libre, 20 de julio de 1979. La libertad tuvo hoy un nuevo significado, dio la mano a la democracia ante el júbilo desbordante de un pueblo que sepultó a una dinastía de 42 años, seis meses y seis días. Hoy, hoy no hubo tiempo para recordar el pasado que apenas terminó hace unas horas, cuando los últimos reductos de las fuerzas somocistas se empeñaban en mantenerse de la nada. Hoy fue el despertar de una larga pesadilla. Treinta mil muertos en siete semanas, 500 mil damnificados, 150 mil refugiados en Honduras, Costa Rica y Miami, un país en bancarrota con una deuda de mil millones de dólares y el terror, la muerte y la destrucción de un genocidio que duró 53 días en su etapa de agonía”.