La crudeza de los delitos sexuales de sacerdotes en Pensilvania

Mary McHale de 46 años de edad, recuerda lo que a sus 17 años le ocurrió mientras era estudiante el Instituto Católico de Reading, en Pensilvania. Esta relata la crudeza de los delitos sexuales, de los que eran victimas los menores, por parte de los sacerdotes.
Cuenta que al mantener una relación intima con una de sus compañeras de clase, y al sentirse culpable se acercó al padre James Gaffney, su profesor y mentor, a quien en el confesionario, le contó su secreto, sin saber que eso cambiaría en gran manera la historia de su vida.
“Él empezó a usar mi secreto de inmediato, me dijo que teníamos que vernos de forma rutinaria para trabajar en ello. Así empezamos a quedar, primero en el colegio y luego en su parroquia. Solía hablarme de sexo, tocarme sin motivo, se quitaba el alzacuellos y decía que, cuando no lo llevaba puesto, podía hacer todo lo que quería. El caso más grave ocurrió en la rectoría de la iglesia de St. Catherine. Cuando se fue la secretaria, cerró la puerta con pestillo. Me había dicho que tenía un programa que quería trabajar conmigo”, relata McHale, esto según El País.
El “programa” del padre constaba de un sobre grande que guardaba a su vez otros tres más pequeños. “El primer sobre pedía que contáramos nuestras experiencias sexuales, él fue contando cómo se masturbaba y otras cosas inapropiadas y yo conté. El segundo decía: señala partes del cuerpo del otro y di algún nombre. Y lo hicimos. Ya era tarde y le dije que me tenía que ir pero me contestó que no podíamos, que lo habíamos prometido... El tercer sobre decía que debíamos desnudarnos y valorar el cuerpo del otro. Intenté resistirme pero lo hice. Me quedé en ropa interior, me pidió que fuera más lejos, me negué y me dejó”.
La victima cuenta que la noche del ejercicio de los sobres, volvió a casa y no le dijo nada a sus padres. El cura, la empezó a llamar continuamente, a su casa y al trabajo, pero ella le rehuía. La insistencia hizo sospechar a su padre, a quien le acabó contando los abusos, pero la familia no informó a nadie, ni a la parroquia ni a la policía. Mary les pidió no decir nada porque tenía miedo de que se enteraran de que era gay.
Después de eso se alejó, pero en el año 2004 Mary se enteró que otras jóvenes había denunciado al pastor, por lo que se ofreció a declarar. En el año 2015 el sacerdote dejó la sotana.
Shaun Dougherthy, es otra victima del abuso, en esa ocasión el agresor era el sacerdote George Koharchik, al que conoció en 1980, en la parroquia de Saint Clement, en Johnstown, cuando tenía 10 años.
“Mi primera erección fue con el padre Koharchik. Sus manos a través de la ropa, en el coche, mientras conducía. Estoy convencido de que quería saber el día exacto en que era sexualmente maduro. Usaba el deporte para abusar de mí y de otros niños. Después de jugar, sabías que en la ducha iba a abusar. O en el coche. Nos llevaba a los entrenamientos y solía sentarme sobre su regazo para dejarme conducir. Y tocaba mi pene. Si le mirabas mal, te decía ‘mira la carretera’, y tenías 10 años, y estabas conduciendo mientras te tocaba”, dijo. Con el paso del tiempo, el sacerdote acabó masturbándolo. Una vez, en la ducha, cuando ya tenía 13, le penetró con un dedo.
Estas victimas de tanto abuso por parte de miembros de la iglesia católica, ahora denuncian a sus agresores, pese al tiempo que ha pasado los recuerdos de esos duros momentos siguen con ellos, pero ahora sin miedo buscan justicia.