Real Madrid asume el primer puesto de LaLiga derrotando al Barcelona
El Real Madrid es el nuevo líder, al menos hasta el domingo por la noche, de LaLiga. El Clásico le vino grande, mucho, al Barça en una primera mitad en la que apenas si existió en ataque y el tiempo le fue insuficiente en la segunda, cuando mejoró con el cambio de Griezmann por Dest, recortando la ventaja local pero sin llegar a igualar.

El 2-1 no le bastó y se marchó de vacío de Valdebebas, disfrutando el Madrid de una victoria sufrida y con un punto de polémica, con una caída de Braithwaite en el área local a la que no atendió el árbitro, para que no faltase de nada.
No varió el dibujo pero sí las piezas el entrenador azulgrana, devolviendo a De Jong al centro del campo con la intención de imponer el juego ahí, sacrificando a Griezmann y dando entrada a Araújo en defensa.
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Y la respuesta de Zidane, como si hubiera adivinado las intenciones de Koeman, fue soberbia con la presencia de Federico Valverde en lugar de Marco Asensio, reforzando el músculo y la velocidad en la zona central para desactivar la idea del Barça. Le funcionó, en la primera mitad, a la perfección.
Comenzó salvando Courtois un centro envenenado de Alba que buscaba a Dembélé pero aquella llegada azulgrana con peligro fue apenas un espejismo ante lo que se venía.
Apenas cuatro minutos después, sin alcanzarse aún el cuarto de hora, una rápida contra del Real tomó descolocado al lateral zurdo azulgrana, llegó el balón en la banda a Lucas Vázquez y su centro cerrado lo remató, magnífico en el desmarque y más en la definición, Benzema con el tacón para lograr el primero.
Le dolió al Barça ese gol, puesto que llevando el control del juego no asustaba en ataque y le dio calma al Madrid, bien en defensa, superior en el centro del campo y vertical en ataque.
Y así llegó el segundo golpe, que arrodilló casi definitivamente a los azulgrana. Una falta forzada por Vinicius la lanzó Kroos, el balón rebotó en la espalda de Dest, despistó a Ter Stegen y se coló ante la euforia local y desespero visitante, tan impotente como desesperado...
De hecho, hasta el descanso apenas si existió en ataque. Dembélé no dio una a derechas y no fue hasta el último suspiro cuando disfrutó de dos ocasiones, las únicas desde aquella atajada de Courtois a los nueve minutos, con un corner directo de Messi que se estrelló en el palo y un remate posterior que fue rechazado.