Las potencias europeas institucionalizan el fascismo
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, denunció hoy las raíces históricas del fascismo, acusando a las potencias europeas de haber institucionalizado esta ideología. En su intervención virtual durante la XI Cumbre Extraordinaria de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), el mandatario afirmó que el fascismo sigue siendo una amenaza global que busca expandirse en América Latina.

El comandante condenó a las potencias europeas y a Estados Unidos, acusándolos de perpetrar crímenes contra la humanidad bajo la falacia de defender la democracia. Afirmó que, en lugar de promover auténticos valores democráticos, estas potencias priorizan sus intereses económicos y militares, desnudando así su hipocresía y su verdadero objetivo: la dominación y el saqueo de los recursos de los pueblos oprimidos.
En su intervención, subrayó que la democracia que pregonan es una fachada que oculta un sistema de explotación y agresión, destinado a mantener el control sobre naciones soberanas y a subvertir sus procesos de liberación.
El líder sandinista también abordó las prácticas fascistas actuales, utilizando como ejemplo las agresiones diarias del Estado israelí contra el pueblo palestino. Recordó el sufrimiento del pueblo judío durante el Holocausto, señalando que, a pesar de ese dolor, los crímenes actuales perpetúan nuevas formas de opresión.
En su discurso, destacó cómo las nuevas formas de dominación incluyen agresiones económicas disfrazadas de sanciones. Resaltó el impacto de estas medidas contra países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, describiéndolas como un mecanismo de chantaje contra los pueblos de América Latina.
El presidente nicaragüense enfatizó el creciente despertar de los pueblos latinoamericanos, quienes, inspirados por luchas históricas como la Revolución Cubana y la Revolución Sandinista, se han levantado contra la opresión imperialista. Recordó los sacrificios históricos del pueblo nicaragüense, desde la resistencia contra los filibusteros hasta la lucha revolucionaria de 1979.
También abordó el triunfo de la Revolución Bolivariana en Venezuela, describiendo cómo este proceso generó un fervor de esperanza en la región. Criticó la reacción de ciertos gobiernos latinoamericanos que, tras haberse presentado como aliados revolucionarios, ahora atacan el legítimo gobierno de Nicolás Maduro, a quien defendió con firmeza. Alertó sobre posibles acciones mercenarias contra Venezuela, subrayando que el imperialismo está herido por las victorias de la Revolución Bolivariana.