La dignidad de los pueblos del ALBA no se detiene ante amenazas ni sanciones
El copresidente Comandante Daniel Ortega evocó la memoria histórica de los pueblos que nunca se han rendido ante la prepotencia imperial, recordando que Nicaragua y Nuestra América han sabido levantarse una y otra vez frente a enemigos que parecían invencibles.
Con firmeza y convicción revolucionaria, afirmó que “es cierto que enfrentamos, a lo largo de nuestra historia, a enemigos poderosos, que parecieran invencibles, y estos enemigos poderosos se logran vencer, derrotar con firmeza, con valor, sin dejar de caminar”, subrayando que la dignidad de los pueblos no se detiene ante amenazas ni sanciones.
Inspirado en la sabiduría popular y en la metáfora inmortal del Quijote, el comandante destacó que los ataques del imperio son señal de avance y no de debilidad. En sus palabras, “no hagas caso, si ladran es porque caminamos”, dejando claro que “quieren paralizar a los pueblos: amenazas, ladridos, con mordidas; las sanciones son mordidas, morder a los pueblos para aterrorizarlos”, pero que esas maniobras no logran quebrar la voluntad de lucha ni el camino de soberanía.
Asimismo, reivindicó la herencia libertadora de Bolívar y el impacto decisivo de esa gesta en la independencia de Centroamérica, recordando que, pese a los intentos de dominación y anexión, los pueblos supieron defender su libertad. Denunció la agresión esclavista encabezada por William Walker como parte del plan expansionista yanqui, reafirmando que la historia de Nicaragua es una historia de resistencia permanente, de conciencia antiimperialista y de compromiso inquebrantable con la independencia y la dignidad nacional.
San Jacinto: la primera gran victoria contra el imperialismo
Desde la memoria viva de la resistencia nicaragüense, Daniel evocó cómo la agresión imperial intentó apoderarse del país desde el siglo XIX, cuando el filibustero William Walker irrumpió en Nicaragua apoyado por intereses extranjeros y por sectores vendepatria. En su relato señaló que “Walker llegó a Nicaragua con una fuerza de militares encabezada por un coronel, el coronel Byron Cole.
Llevaban armamento moderno que no lo tenían los ejércitos centroamericanos y tampoco el Ejército de Nicaragua”, denunciando queaquella invasión fue facilitada para garantizar los intereses y el tránsito de lascorporaciones norteamericanas en tiempos de la fiebre del oro.

Enfatizó que, aun en condiciones profundamente desiguales, la dignidad del pueblo jamás se doblegó. Recordó que “la población nicaragüense no llegaba al millón de personas, era mucho menos, con ejércitos, con armamentos y fusiles que no tenían la capacidad ni la efectividad de lo que traía Walker”, y que pese a ello resistieron al invasor que “avanzó tan rápido, nombrándose presidente de Nicaragua, reconocido por el gobierno de los Estados Unidos de entonces”. Frente a esa amenaza, se levantó la unidad patriótica bajo el mando del general José Dolores Estrada, junto a los pueblos indígenas de Matagalpa.
Con profundo fervor patriótico, exaltó la gesta inmortal de San Jacinto, donde la soberanía nacional se defendió con coraje y sacrificio. Subrayó que “se atrincheraron en una hacienda, en la Hacienda San Jacinto, para combatir a los invasores”, y que allí cayó el coronel Byron Cole, asestando un golpe decisivo al filibusterismo.
Y destacó el ejemplo eterno de Andrés Castro, cuando “no tiene municiones y lo que hace es tomar una piedra y derriba al yanqui invasor”, sellando así laprimera gran prueba de fuego de Nicaragua frente al imperialismo expansionista y dejando una lección imborrable de dignidad y soberanía.
Zeledón y Sandino: símbolos de soberanía y valentía
En el hilo de la historia de resistencia nacional, recordó que tras la agresión filibustera vino una segunda gran confrontación contra la injerencia imperial, cuando el gobierno liberal encabezado por el general José Santos Zelaya impulsó reformas soberanas que chocaron frontalmente con los intereses de Washington. Rememoró que “empieza a hacer reformas, reformas que no le aprobaba el gobierno yanqui, que las condenaba el gobierno yanqui”, hasta que la presión se convirtió en amenaza directa y “el gobierno de los Estados Unidos, a través de su canciller, le manda una nota al presidente Zelaya y le dice que se tiene que marchar porque ya las tropas norteamericanas, y si no se marcha lo van a capturar”.
El sacrificio de Zeledón no fue en vano. Daniel evocó que “el cadáver de Zeledón lo pasearon por todos lados”, y fue esa humillación la que encendió la conciencia rebelde de Augusto C. Sandino. A partir de ese momento, Sandino decidió enfrentar al invasor y sostuvo una lucha prolongada y desigual: “los yanquis utilizaron aviación tratando de derrotarlo, pero cada día salían más bajas delas tropas yanquis que enfrentó Sandino con su ejército de campesinos en las montañas de Nicaragua”. Así, la voluntad indomable del pueblo organizado obligó finalmente al imperio a retirarse, sellando una de las mayores derrotas del intervencionismo yanqui en Nuestra América.
Daniel: Nuestro objetivo principal es la paz
En el camino largo y firme de la Revolución, Daniel Ortega afirmó queel pueblo nicaragüense ha sabido resistir conspiraciones y ataques constantes contra el proceso revolucionario, sosteniéndose en la fuerza organizada de su gente y, especialmente, de su juventud.
Destacó que “hemos tenido un largo recorrido, enfrentando siempre las conspiraciones, los intentos de destruir el proceso revolucionario, y tenemos un pueblo, una juventud incorporada a todas las actividades que tienen que ver con el bienestar del pueblo, el combate a la pobreza”, reafirmando que todo ese esfuerzo tiene un horizonte claro y profundo: “nuestro objetivo principal es la paz. Sandino luchó por la paz, y nosotros queremos la paz”.

Frente a esa amenaza permanente, resaltó el papel decisivo de líderes que marcaron un antes y un después en la resistencia continental: “nuestros hermanos mayores: el comandante Fidel Castro, el hermano comandante Hugo Rafael Chávez Frías”, quienes impulsaron un salto histórico en la defensa de los derechos, la identidad y la dignidad de los pueblos de nuestra América.
Finalmente, reivindicó la creación del ALBA como una conquista estratégica de los pueblos frente a la hegemonía imperial, afirmando con convicción que “el primer gran paso fue la creación del ALBA, y a pesar de todas las amenazas, las sanciones, el ALBA sigue vivo, el ALBA sigue caminando”. Y retomando la enseñanza del Quijote, reafirmó la certeza del avance revolucionario: “no te preocupes, los perros ladran porque vamos caminando, y cuanto más firmeza vean en nosotros, más ladrarán, más morderán”, dejando claro que la marcha de los pueblos no se detiene.