Monimbó honra con fe y tradición a Nuestra Señora de la Asunción
Desde la Iglesia Santa María Magdalena, ubicada en el barrio indígena de Monimbó, en el departamento de Masaya, la feligresía se desbordó para acompañar con fe y devoción la celebración de la Solemnidad de la Virgen María, Madre y Protectora de nuestro pueblo.



La jornada estuvo marcada por la Santa Eucaristía, los cantos, la oración y la acción de gracias a la Virgen de la Asunción, una advocación que, por generaciones, ha formado parte de la vida y la tradición católica de las familias de Monimbó.
Para los fieles, esta celebración recuerda que María fue llevada al cielo en cuerpo y alma por voluntad de Dios, después de cumplir su misión como madre de Jesús. La Iglesia la reconoce como Reina y Señora, y los devotos acuden a ella con la confianza de quien encuentra en una madre consuelo, protección e intercesión.
Pero la historia de la Virgen de la Asunción en Monimbó también está ligada a la memoria de sus antepasados. Los pobladores recuerdan que el 16 de marzo de 1772, durante la erupción del volcán Masaya, la lava amenazaba con avanzar hacia las comunidades.

Ante el peligro, los habitantes tomaron la imagen de la Virgen y caminaron hasta las cercanías de la laguna para pedir su protección.
La tradición cuenta que, junto al Señor de los Milagros, venerado por los hermanos de Nindirí, los fieles elevaron sus oraciones y pidieron que el peligro se detuviera. Aquel acontecimiento quedó guardado en la memoria del pueblo como un milagro y como una muestra de la fe que sus antepasados depositaron en Dios y en la Virgen.

En la antigua imagen todavía se conserva lo que los devotos conocen como el “dedito quemado”, una señal que, según la tradición, quedó relacionada con aquel episodio de la erupción del volcán y que hoy forma parte de la historia religiosa de Monimbó.
Gloria Avilés, una de las devotas compartió:
Mi abuelita me contaba esta historia cuando yo tenía unos nueve años. Vivíamos cerca del Coyotepe y sentíamos temor, pero esas historias despertaron en mí una fe viva. María no está muerta, María está viva e intercede por nosotros, por Masaya y por el mundo entero

La imagen de la Virgen también ocupa un lugar especial para la comunidad. Los pobladores recuerdan que fue coronada con derecho pontificio en 1980 y que, más recientemente, fue consagrada como imagen por el cardenal Leopoldo Brenes, convirtiéndose para los devotos de Monimbó en una pieza de gran valor espiritual y religioso.
Así, entre oraciones, cantos y recuerdos transmitidos de abuelos a nietos, el pueblo católico de Monimbó mantiene viva una tradición que une la fe, la historia y el cariño por su Santa Patrona.
Hoy, nuevamente, las familias se reúnen para agradecer su protección y renovar su devoción a aquella Madre que, generación tras generación, ha acompañado la vida de este pueblo.