Dry Martini, el cóctel más glamuroso del mundo

Creado “de casualidad” por un barman mexicano de apellido Martínez, no tardó en triunfar en los grandes bares y entre los más encumbrados personajes.
José Luis Garci, escribió un libro en 1996: Beber de cine con un subtítulo: Diez cócteles que cambiaron el mundo. Y a cada uno le dedicó un texto memorable.
Por orden: Bloody Mary, Caipirinha, Daiquirí, Dry Martini, Gimlet, Gin Fizz, Manhattan, Margarita, Negroni, y Whiskey Sour. ¿Cómo nace? Según Garci "Fue algo casual". Así, con la modestia de los genios, con la misma sencillez de Pasteur o de madame Curie, respondía Martínez, el legendario barman mexicano, a todos los que se interesaban por cómo diablos había inventado el Dry Martini. "De carambola, puritito azar. Te pasas media vida agitando la coctelera en busca de nuevos sabores y, bueno, una de esas mañanas te levantas desmadejado tras una noche de muchos tragos, ¡zas!, la voz de la resaca que habita en tu cabeza va y te sopla el secreto. La providencia, amigo".
La fórmula original de Martínez fue: "Llenar un tercio del vaso mezclador con hielo muy duro, echar luego tres cuartos de gin y un cuarto de vermut seco, remover treinta segundos y servir en copa de cóctel".
La aceituna llegó después. Una está bien. Dos… humm. Tres, un disparate. Pero en todo caso, con carozo… Y la aceituna, lavada previamente para que la sal no contamine la milagrosa mezcla.
según Garci, el hombre que hizo los Dry Martinis más perfectos del planeta, fue Luis Buñuel (1900–1983), el genial aragonés director de películas eternas.
una vez Invitados ya sus amigos, un día antes de la reunión metía en la heladera las copas de cóctel (las triangulares de pie largo, sí…), el gin, y hasta la coctelera. Termómetro en mano, controlaba que el hielo se mantuviera en veinte grados bajo cero. Al llegar sus amigos ponía un tercio del hielo en la coctelera y vertía seis gotas de Noilly Prat, el mejor vermut seco del mundo, y media cucharadita (de las de café) de angostura. Agitaba la coctelera un minuto, y después tiraba el líquido, pero conservando el hielo, que quedaba perfumado, impregnado por esos ingredientes.
Luego, sobre el hielo echaba el gin, movía la coctelera treinta segundos, y servía.
Pero hasta hoy, el cóctel es dueño de una polémica interminable: ¿cuánto vermut? Como es de imaginar, los bebedores impenitentes abogan por reducir el vermut al mínimo, a pesar de desvirtuar la receta original.
Algo esencial del abecé del Dry Martini, en la coctelera, el hielo, el gin y el vermut se agitan levemente con una cuchara de mango largo o un revolvedor especial de acero o vidrio. Jamás ¡jamás! se bate la coctelera con fuerza y cabriolas de barman algo circense. Recordar la frase de todos los James Bonds del cine: "Shaken, not stirred" (agitado, no batido). El primer mandamiento.
Alguien recordará que algunos de los Bonds pedían "un Vodka Martini". ¿Por qué no el gin, la bebida clave, la mayor protagonista?
Muy simple. Porque varias marcas de vodka, a golpes de dólar, hicieron virar el timón…